Desde las 2 de la madrugada he estado recibiendo mensajes de personas en Venezuela compartiendo su experiencia, así como mensajes de personas de otras partes del mundo preguntándome cómo estoy, así que decidí procesar cómo me siento escribiendo sobre ello.
Como venezolano-estadounidense, mi corazón está experimentando emociones encontradas tras las operaciones militares estadounidenses que resultaron en la extracción de Nicolás Maduro, y doy gracias a Dios por darme un corazón capaz de albergar multiples, y a veces conflictivas, emociones.
Quiero unirme al pueblo venezolano que está gozoso con la partida de Maduro, especialmente a quienes aún viven allí, mi mamá, mis hermanos, mis familiares, mis amigos de toda la vida y mis compatriotas venezolanos.
Este pueblo ha sufrido durante más de 27 años las decisiones de un gobierno que, al supuestamente buscar la libertad de las cadenas del capitalismo, y con promesas de acabar con la corrupción e implementar programas sociales en beneficio de todos, destruyó las libertades del país, la democracia, la infraestructura física y los que antes eran sistemas educativos y de salud de primera clase, entre otros daños a largo plazo. Cuando el pueblo venezolano celebra la extracción de Maduro, recupera una renovada esperanza, una sensación que casi perdió tras muchos años intentando elegir a otros líderes en elecciones que muy probablemente fueron fraudulentas.
Al acercarnos a la celebración de la Epifanía, encuentro que las palabras del profeta Isaías son muy apropiadas para el pueblo venezolano en este momento: ” ¡Levántate, brilla, que llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti!.” (Isaías 60:1).
Mi corazón está lleno de alegría por mi pueblo venezolano, y también teme lo que pueda ocurrir.
La imagen que viene a la mente, dadas las operaciones militares estadounidenses, es la de un “bully” con poder que, en la cafetería del colegio, decide quitarle la comida del niño que sabe que no puede defenderse. El bully ataca al más vulnerable para presumir de su poder delante de los demás, y se lleva su comida (o petróleo en este caso) solo porque puede hacerlo. Todo gira en torno al poder y la codicia, no a liberar al pueblo venezolano como algunos podrían pensar.
Cuando el gobierno estadounidense dice, a pocas horas de las operaciones, palabras como “vamos a gobernar el país” y “reconstruiremos la infraestructura petrolera antes de una transición,” me hace temer que el pueblo venezolano haya pasado de una forma de opresión a otra. No creo que esta operación militar fuera por la gente en Venezuela, cuando aquí en Estados Unidos tratamos a los venezolanos y a otros inmigrantes de color con crueldad.
Al pensar que las razones de las operaciones militares son la codicia y el poder, me duele el corazón, y también encuentro consuelo en las palabras del profeta Isaías cuando dijo: ” Los hijos de los que te oprimieron vendrán a humillarse delante de ti, y todos los que te despreciaban se arrodillarán a tus pies y te llamarán “Ciudad del Señor”, “Sión del Dios Santo de Israel.” (Isaías 60:14).
Doy gracias a Dios por darme un corazón capaz de albergar sentimientos múltiples, y a veces contradictorios, y más que nada, doy gracias por todas las oraciones que la gente está ofreciendo para sostener al pueblo de Venezuela en este tiempo de transición.
Esta temporada de la Epifanía, oro para que la luz de Cristo que guio a los pastores y a los magos sea la luz que guíe al pueblo que guía a Venezuela hacia tiempos mejores:
“Señor, bajo la guía de una estrella manifestaste a tu Hijo único a las naciones de la tierra; guía a tu presencia a los que ahora te conocemos por fe para que veamos tu gloria cara a cara; por Jesucristo nuestro Señor, a quien contigo y el Espíritu Santo sean el honor y la gloria, ahora y por siempre. Amén”